¡¡¡¿Qué parezco un hotwells?!!! Las bandas y las marcas.

Escribe Yamil Alvarez.

La música, que haríamos muchos de nosotros sin ella. He tenido conversaciones muy serias alrededor de esta forma de expresión antigua, algunas que tienen que ver con lo dependiente que es nuestra vida con este arte, que en sus inicios fue puramente la búsqueda de la expresión del alma (si nos queremos poner poéticos). Últimamente en un circuito musical tan complejo como el nuestro, dentro de lo predecible que puede ser, circulan y circularán discursos que se opondrán siempre a modos de manejar y/o gestionar dicho arte, que cuando se adquiere el papel de constancia y perfección se vuelve más bien una disciplina.

Entre estos nuevos modos en los que el comportamiento de la industria va cambiando, está la incursión del trabajo en paralelo con marcas, empresas o entidades privadas, que si bien internacionalmente ya lleva mucho tiempo en práctica, dentro de nuestras fronteras está comenzando la obviedad y es vista aún con cierta desconfianza. Con respecto a esto, muchos saltan, se arrancan los cabellos y gritan al cielo que como es posible que una banda se “venda”, mientras twittean su indignación en su último modelo de iphone.  

La música, aunque nacionalmente ha sido un tanto relegada y ahora cobra fuerza, como parte de la industria del entretenimiento permite lograr objetivos tradicionales de marketing cómo incrementar la atención que le presta el público a una marca o mejorar la respuesta hacia esta. Es así que actualmente se vienen desarrollando numerosas alianzas entre agrupaciones independientes o colectivos culturales y marcas grandes, como bancos, empresas de telefonía, instituciones educativas privadas y más.

Foto por Nadine Shaabana

¿En qué punto las marcas comienzan a apostar por estas propuestas poco masivas? En el punto en que descubren que hay un público objetivo al que su marca no llega, es entonces que la banda adquiere la responsabilidad de adoptar el mensaje de la empresa contratante y llevarlo hasta su público, tomar el papel de puente traductor, uno nada fácil, considerando las condiciones de compromiso social y respeto al ambiente que maneja esta generación de consumidores.

El error caería en la obviedad y la pretensión, si una banda vende completamente su imagen para ser vocera de una campaña sin propósito alguno más que incrementar las ventas, fallaría su tino por mantener una personalidad y una voz, y es algo que el público rechazará automáticamente. Está claro también, que las bandas deben aprender a evaluar mejor el trabajo con ciertas marcas que no manejen una misma línea de comunicación, y si se hace, que eso signifique más estudio y trabajo para no encontrarnos luego con un futuro obstaculizado por un one hit wonder, logrado por el acaparamiento de medios de comunicación y no por el trabajo de producción musical y similares.

La forma, el fondo, y la vitrina donde se presente esta forma serán vitales para que nadie sea juzgado, al menos que tu trabajo sea componer jingles y nadie tenga nada en contra. Pero cuando una banda incursiona, el público que parece tener un pie atascado en el pasado quilquero y punk reacciona violentamente, no sólo ante las bandas, sino ante proyectos culturales como ferias, festivales y etc, sin entender que en un mundo tan globalizado para que una propuesta sea sostenible se tiene que lograr este tipo de gestión de recursos. Lo que el público aún no tiene, te lo puede brindar la marca, y eso en un mercado como el nuestro en el que el consumidor de música nacional no masiva no valora los costos de un show, se llama fondos.

Si eres músico, gestor o productor y tienes pensado trabajar con marcas, primero define bien tus límites, separa tu voz de la suya, ahí entre la lectura de ese panorama encuentra el gancho que puedas usar como canalizador del mensaje que la marca pretende que comuniques y el tuyo, y que ambos funcionen en balance. Los tiempos están cambiando, para bien o para mal, y es necesario que un circuito musical, como el nuestro, apenas naciente se tenga que amoldar a estos nuevos espectros de consumo y así, marcas, bandas y público son las beneficiarias de un trabajo de calidad.

deformamusic

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