Editorial de Miércoles: Si no te gusta el arroz con mango, no te lo comas.

Yamil Alvarez, 
Director

¿Qué hace tanta gente quejándose de uno de los festivales musicales (no diremos de rock) más grandes de la ciudad?  Planteamos algunas observaciones.

El Festival Vivo x rock, según palabras de su creador y gestor César Ramos (Inmortal producciones) busca ser un referente en Latino América, admitamos que está lejos de serlo ¿Por qué? ¿Un referente para quienes? Quizás es la pregunta que la productora debería plantearse. En la región, y el mundo, los festivales que denominamos “referentes”, o son especializados  (se enfocan en géneros específicos), o trabajan con una línea definida de quien es su público, y si no, balancean sus carteles y comunicación de un modo en el que el usuario del servicio se sienta a gusto. Entonces, me parece que estamos lejos de la búsqueda de ser un referente cuando, lamentablemente en la décima edición de este festival, que era una de las más esperadas para ver que “sorpresa” nos traía, se sigue repitiendo lo mismo.

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Particularmente no me gustaría que esta magnánima propuesta se quede en nada, hay que tomar en cuenta la relevancia que tiene ya.  Una cosa es cierta, el festival ha logrado una gran afluencia, como dicen algunos, gracias a su público “rockero”. ¿Pero que buscó ese público en un inicio? ¿Entretenimiento? ¿Novedad? ¿Revivir la nostalgia? ¿Calmar su placer de ver en vivo a las únicas bandas que las radios pasan hace treinta años? Lo que sabemos es que la productora encontró un mercado, y lo supo usar.

Con esos carteles, tan poco variados, (reconocemos su homogeneidad) y la falta de criterio (¿Criterio para quién? ¿Para los sibaritas musicales?) El festival ha logrado hasta más de 45,000 asistentes en su séptima edición, faltarían muchísimas copias de esa fórmula para saciar a una ciudad que tiene más de 9 000 000 de habitantes. Sin embargo, le toca a la productora hacerse una pregunta. ¿Nos está funcionando esto? En su edición número 8 los números se redujeron.  Sabemos que las ambiciones de la productora no son malas. Han incluido cierta variedad en sus carteles desde que se dieron cuenta que hay una escena peruana que no tiene 30 años y ha cobrado relevancia.  ¿Entonces si estoy explotando este nuevo sector, para que repetir el plato de esos seis nombres aburridos de siempre, que están en estos festivales hace varios años?

Quizás la productora ha llegado a confundirse entre la calidad y la cantidad, presentar nuevas bandas extranjeras, djs, las bandas nacionales de siempre ¿Para qué? tal vez el fin de una productora sea llenarse las arcas, porque vamos, es una empresa, el fin de todo comercio es ese.

La productora no tiene responsabilidad alguna en ser un “escenario para las nuevas propuestas nacionales” Pero podría serlo, podría y le convendría. El festival funcionaría como un canal de gestión importante para un nuevo espacio que revitalizaría esta extraña montaña rusa que es la escena musical peruana alternativa. Así como otros festivales en el mundo, como el Primavera Sound, con su anexo el primavera Pro, que es un escenario importante de conexión y descubrimiento en la región, o el Sonar, con sus talleres, conversatorios y propuestas de desarrollo tecnológico en la música.

Pero más allá de toda observación que podamos hacer, una cosa está clara y es que si no te gusta “ese arroz con mango” no te lo comas pues, que de algo se empieza.

 

deformamusic

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