Tras doce años en escena, Fiebre Aviar estrena su primer LP.

Escribe Franco Martinez

Han pasado al menos cuatro años desde la explosión del rock independiente en nuestra capital y hay que ser sinceros: esta nueva movida aún no encuentra una identidad propia que la distinga de otros países latinoamericanos. ¿Pero qué hace realmente “peruano” al rock peruano? Quizás la inclusión de instrumentos autóctonos, por un lado, o las referencias a diversos aspectos de la vida en nuestro país, por otro.

 

Y es justamente este último aspecto el que Fiebre Aviar ha tratado de plasmar en su primer LP El repartepizza me habló de la muerte. Un trabajo discográfico que toma elementos del punk, el pop, el twee, el garage y hasta del noise, regurgitándolos en once tracks que abordan aspectos cotidianos de la vida del adolescente limeño. Las referencias culturales pueden parecer numerosas, pero al final cumplen con hacernos sentir que estamos escuchando un disco grabado en esta parte del continente.

 

fiebreaviar

 

Este rollo inicia con el track Droga y flojera, donde se mencionan jugadores peruanos como Luis Cordero y hasta periodistas del rubro como Pedro García. No obstante, esa lírica no sería nada sin una buena instrumentación que la acompañe. La banda lo sabe bien e inyecta una buena dosis de ritmo, energía e intensidad en guitarra y batería para hacernos disfrutar una buena canción de apertura.

 

Luego llega el tema homónimo del disco, más calmo y con una letra demasiado simplona (cherry incluido), por lo que pasamos de él sin más. Carnaval del 98 retoma la fuerza que mostraron al inicio y que gusta: rocanrol agitado y frenético, mezclado con una historia bastante sencilla, pero que basta para que nos enganchemos a la canción. Similar resultado se da con (Creo que) mis besos te volvieron leca.

 

Vía Expresa es un track que habla del placer de ir en auto con la persona que te gusta y, francamente, es uno de los mejor trabajados de este disco. Un guitarreo pegadizo, el ritmo adecuado y una lírica muy bien aterrizada.  Sin embargo, When I listen to The Beach Boys nos deja algunas dudas al respecto. ¿Era realmente necesario incluir una canción en inglés, cuando el resto tiene letras en español?

 

Castolo, como su nombre lo indica, es una suerte de homenaje a un jugador virtual del famoso juego Pro Evolution Soccer (PES), mientras que San Miguel tiene dos versiones en este disco: la primera es lenta y melódica, mientras que la segunda es veloz y sumamente anárquica. Pituquita bonita alude al romance adolescente y Anthony Choy cierra el disco con una historia surrealista, cargada de múltiples referencias espaciales.

 

He tenido la suerte de escuchar en vivo un par de veces a esta banda, ahora integrada por Carlos Mejía, Carlo Cusirramos, Alonzo Castro, Edward Guibert, Franco Tenorio y Luis Miguel Peña. El principal acierto ha sido plasmar la misma energía del live en este disco, algo que parece costarle a otras agrupaciones jóvenes de la escena. Doce años de trabajo realmente han dado sus frutos y así tenemos una producción discográfica que, de todas formas, aporta a construir la identidad del indie rock hecho en Perú.

 

deformamusic

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